Que ésta es la hora que me haze entrar en su graçia, cossa que no podía acabar con cuanto he dado a sus moços y fantescas, que no me han aprovechado nada, tanto como hará agora la Loçana, que es la mejor acordante que nunca nació. Y pareçe que no pone mano en ello. Y la señora está a la ventana. Vámonos por acá, que volveremos. ¡No me queréis vos a mí creer! Siempre lo tuvo el malogrado...